Un primer sabor

En Citera, según el mito de Hesíodo, nació la diosa Afrodita. La isla de Citera se halla entre Creta y Peloponeso, al sudeste de Grecia, en la confluencia de los mares Jónico, Egeo y Líbico. Es, con razón, el cruce de las civilizaciones, ya que tantos pueblos y culturas pisaron sus costas y dejaron sus huellas en su hermosa tierra. Una isla montañosa, que se extiende a unos 284 kilómetros cuadrados, con muchas valles, innumerables playas y pueblos enganchados en las laderas de los montes. La naturaleza de Citera y su ambiente encantador es el elemento principal que hace al visitante amar esta isla y quedarse, quizás, para siempre. El clima es mediterráneo con temperaturas moderadas pero con alta humedad y muchos vientos. La isla dispone de una rica flora y es paso principal de aves migratorias. Las frecuentes lluvias del verano ofrecen a la isla grandes cantidades de agua, por eso hay fuentes naturales en muchos sitios por donde fluye agua durante casi todo el año.

Actualmente Citera tiene una población de 4500 habitantes, la cual está repartida en 64 pequeñas poblaciones. La mayoría de los pueblos se encuentra en el interior de la isla y se unen entre sí con una densa red de carreteras. Administrativamente Citera forma un solo municipio y pertenece a la Provincia del Pireo. Los habitantes se dedican principalmente a la agricultura y al turismo. Debido a la naturaleza virgen de la isla se cultivan sistemáticamente productos biológicos, mientras el aceite de oliva y la miel son los más representativos.

La isla ofrece al visitante la posibilidad de admirar antigüedades clásicas, entre ellas, trescientas iglesias bizantinas, puentes ingleses y escuelas. Los museos, los castillos y el Archivo Histórico de Citera hacen viajar al paseante a otras épocas y lo invitan a descubrir tesoros escondidos.

En las cuevas, la tierra percibe los secretos de los humanos.

Citera es un lugar ideal donde reina la magia de la naturaleza y los sueños fluyen imperturbablemente por la pantalla psicodélica de la mente. Los visitantes se enamoran de la isla y fácilmente toman la decisión de quedarse aquí para siempre, para empezar una vida diferente.

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  • En contraste a la esterilidad general de la tierra, en la isla abundan las iglesias. John Galt, inglés, s.XIX
  • Déjales decir que los sueños y la realidad se han separado y que no se lo están llevando bien... No habrán viajado a Citera... Panos Filis, poeta citerano